martes, 26 de septiembre de 2017

La calle




“En el sitio donde hemos quedado lo más difícil es perderte. No te encontrarás calle con tanto colorido y alegre como la C/ Juan Guillermo Manrique. No tendrás que preguntar ni nombre ni número. Te sugiero que al entrar en la calle te pares un rato, e intenta llenar tu visión de la vitalidad que encierra. Es el color de la vida. Céntrate y te darás cuenta que el colorido te recuerda que estamos en verano. Y nada más te sugerirá estación alguna”.

Así le dije a unos a un grupo de amigos que habíamos quedado en vernos la tarde del último viernes del mes. Era una de esas calles de antes en el sector antiguo de la ciudad. El color madera de los balcones y puertas y ventanas negras. Con la misma iluminación que ahora, sí. Pero con una diferencia, y es que antes parecía como si el sol se escondiera y no quisiera alumbrar a los que por allí pasaren.


Todo cambió cuando llegaron los nuevos propietarios del bar de la esquina. Antonio y Greci comenzaron por volver a poner el piso con que nació aquel lugar desenterrando las viejas losetas que habían ido a parar al solar de la parte trasera. Ellos entienden bien del tema pues allí pasaron su infancia y recuerdan, entre otras cosas, los carros tirados por burros y el olor a paja que dejaban caer a su paso. Y eso animó al resto de los vecinos y pequeños comercios a blanquear las paredes y cuidar las plantas. Por las noches da gusto pasear por allí pues junto al croar de las ranas de la vieja plaza por allí cercana se unen las miles y miles de estrellas que alumbran la zona antigua de la ciudad, donde cientos y cientos de turistas aprovechan para dejar sin una gota las botellas de ron con miel que no habían deleitado aún. Y ello es solo una pequeña parte descriptiva de la calle Juan Guillermo Manrique. Eso sí, seguiré insistiendo como paseante habitual de ella para que el Ayuntamiento le cambie el nombre por el de Calle de la vida. Cuento para ello con la firma de todos los que puedan leer este post.

lunes, 25 de septiembre de 2017

No le interesaba la Política


"No te interesa la política", me dices, pues a mí, sí; y pienso que a todo el mundo debería interesarle- ¿Qué a qué partido pertenezco? A ninguno, por qué? – Como dices te interesa la política? ¿Es que para uno estar interesado positivamente por la política tienes que estar afiliado a un partido? No, hombre, no.  Eso sería partidocracia y no democracia.

Sí. Hacen faltan los partidos. Pero para que estos funcionen deben abrirse a las comunidades donde fueron elegidos. Nosotros, el pueblo que les elegimos, somos los únicos que podemos ayudar a que los partidos trabajen por los demás y no se conviertan en partidos esclavistas. Mira qué bonito algo que ellos hacen: si en el Parlamento uno de ellos vota NO cuando la dirección ha dicho SI, puede ser multado porque no puede opinar diferente a los demás de su grupo. ¡Qué cosas tan contradictorias¡ ni en los propios partidos hay democracia-

De esta forma es como si ellos dijeran: ¡Que vivan las cadenas! ¡Abajo la libertad! Si le niegas a uno de los tuyos la libertad de opinión, ¿Qué democracia estás haciendo?
Así la gente suele ser doble o distinta. Como si solo bastara con que un hilo de seda pasara el tejido a los balones.




domingo, 24 de septiembre de 2017

Metástasis


En su segunda visita al doctor por aquellos dolores tan agudos, escuchó, sin parpadeo, su diagnóstico médico: No necesita cambio de medicación, la que tiene es la mejor para estos casos. Lo que sí le recomiendo es que haga testamento. El paciente, que era también doctor, desde que, poco después, escuchó la palabra “metástasis,” interrumpió al compañero y, ante el escalofrío de su familia, dijo: “O sea, que desde ahora empezaré a vivir en las cloacas, allá donde yo tampoco he podido impedir que vayan otros”.


sábado, 23 de septiembre de 2017

Tiempo para todo


Me pongo a escribir y pierdo el tiempo. Delante del ordenador leo otras cosas a ver si me inspiran, y mi mente se queda en el aire. Ayer tuve toda la tarde libre, podía haber hecho muchas cosas. Me limité a jugar al solitario y a rellenar sopas de letras. Eso llenó mi tarde. No hable con nadie, casi que estuve solo. Hable conmigo mismo bastante. Y también lloré. Hubo momento en que sentía como ríos de lágrimas cayendo por mi cara. Tuve ganas de sensaciones prohibidas o mal vistas. Pensé en llamar a un amigo y contarle mis penas. Ya caerá la ocasión, me dije. NO.  Creo que lo más probable es que me eche un poco de siesta. Luego tengo ocasión para verme con un grupo de amigo. Nos animaremos juntos. Al fin de cuentas es también imaginar desde lo ficticio como ir dando saltos a lo real. No sé si esto valdrá como post. De todas formas, la suerte también está conmigo: Tengo un amigo invisible que es muy sabio tomando decisiones de este tipo. Será el quien lo decida. Igual si a él no le aburre, tampoco le aburrirá a los demás.